
Nota de redacción: se puede ver la cara de preocupación del veneciano ante la defensa de Roncuaz.
Toda ofensa es una injusticia y debe ser denunciada como tal. Eso no tiene nada que ver con la venganza si no con el servicio amable a quien ofende. Y eso independientemente de su actitud. Me explico con el “nuevo sonado caso” Benetton.
El señor veneciano invierte una buena cantidad de dinero en una campaña publicitaria calculando muy bien el corte “subversivo, creativo, contracultural, transgresor, audaz, chocante, libre y fuera de lo común” que su marca ha tenido o ha querido tener siempre. Y la cosa le funciona bastante bien desde que comenzó. Ha usado el Sida, el racismo, el hambre en el mundo, la guerra, la niñez, la homosexualidad, África, la ecología, la anorexia, la mujer y quién sabe qué causa más, para vender su ropa y sus maletines. Y mal no le ha ido. En el sentido material, temporal, crematístico, digo.
Pero que quede claro: todo eso ha sido instrumento para ganar dinero y fama. Es un negocio de prensa amarilla pero con elegancia italiana y gran habilidad para hacer creer a los jóvenes despeinados de estas épocas aciagas que vistiendo Benetton son más humanitarios, defienden causas buenas, son tolerantes, libres, frescos, "cool", nice y recontraeuropeísimos.
Y Benetton se sigue forrando. Pero, nada, cada uno hace lo que puede para ganarse el pan con el sudor de su frente, y las miserias de otros continentes. Y bueno, el pan, el panetón, el champán, la isla en el Adriático, el yate y el Ferrari, en este caso.
Cuando uno dirige un negocio de prensa amarilla sabe muy bien que no puede dormirse en los laureles del último escándalo si no que tiene que generar otro, bajo pena de quebrar y no vender ropa y maletines. Y eso es lo que acaba de ocurrir hoy como ocurrirá mañana. No encontró mejor recurso que insultar al Papa. Eso siempre funciona. No comparto para nada esa manera que tiene el señor Benetton de ganarse o gastarse la vida, pero como persona e hijo de Dios es digna de todo mi respeto, caridad cristiana y mis oraciones por su salud espiritual.
Otra cosa es ofender las creencias de los demás para vender ropa y maletines. Sobre esto diré lo siguiente como para que quede claro. Responder a una ofensa con otra es absurdo pero quedarse callado es cobardía, así que desde este humilde blogsito me alzo cual David ante Goliat y le digo al señor Benettone: nunca más le compraré ni su ropa ni sus maletines. Va a ver cómo quiebra y se queda sin yate. Sólo compraré polos Frankie y Ricky.
3 comentarios:
Bien arequipeñizado estás Ronco!!!! ¿como es eso que Franky y Ricky? Ya ni siquiera Topy Top.
Saludos,
Es verdad, creo que ya no existen ¿no? Pues pondré Incalpaca...
Franky y Ricky!!! Bien ahí con el comment... esos me los compraba mi vieja por varios cientos de Intis en Monterrey.... Qué pena que ya no existan seguro son mejores que los del Sr. Beneboccone....
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