viernes, 25 de febrero de 2011

¿Qué es el apostolado?

El apostolado es ante todo fruto de una extraña y sorprendente experiencia interior: el encuentro personal con Jesucristo vivo. Esta experiencia, siendo personal es por definición intransitiva. Nadie puede realmente conocer a fondo lo que significa este encuentro personal con Jesús ni transmitirlo en sí, sólo puede invitar a otros. Es más, para cada uno es un misterio, algo que no se agota en explicaciones, porque el Señor nunca trata de manera uniforme a hijos que Él mismo quiso diferentes, únicos e irrepetibles. Y por ser profundamente personal es a su vez comunitario.

Lo podemos ver por ejemplo en la conversión primera. Algunos (lamentablemente cada vez menos) nacieron y crecieron en un ambiente cristiano “por naturaleza”, es decir, desde muy pequeños se les hizo natural el trato con el Señor. Sus papás iban a Misa todos los domingos, bendecían los alimentos, rezaban de manera continua y llevaban una vida cristiana que generó para el niño un horizonte de sobrenatural seguridad. Siendo muy hermosa y deseable, esta primera experiencia puede favorecer la conversión pero no garantiza nada, entrará en crisis de todas maneras cuando ese niño vea gente buena que no cree en Dios y gente mala que dice creer, cuando su inteligencia en crecimiento se enfrente a las incoherencias de sus propios padres y de muchas personas respetables a las que ahora verá mediocres, instaladas más en un cristianismo “social” que en una vida verdadera que siempre está en crecimiento, que siempre es un desafío.

Aparece así la necesidad de responder por él mismo al llamado de Dios. Ya nadie puede asumir sus decisiones personales, ya nadie lo curará de sus dudas y miedos, ya nadie lo defenderá de la dureza de la vida que amanece ante sus ojos. Dios no engaña ni se puede engañar. La verdad y el bien se hacen para el joven espíritu una realidad torturante y al mismo tiempo llena de esperanza y alegría. Sabe que debe responder, sabe que se va a equivocar, sabe en lo profundo de sí que tiene que confiar en Dios. Y eso, nunca es fácil para los seres humanos tan llenos de ofertas y ruidos como andamos febrilmente por este pobre mundo.

Si uno, contra todo lo que se opone, dice sí, dice “aquí estoy Señor”, vislumbrará por primera vez esa dulce y terrible promesa de Jesús: “yo te daré una alegría que nadie te podrá quitar”. Y será típico del joven el entusiasmo, la pasión, la radicalidad, el odio a las medias tintas y componendas. Los viejos le parecerán tontos, mediocres o simplemente malos. Creerá, con la típica ingenuidad de su edad, que el camino que funda es el único y tratará de convencer a cuantos encuentre. Y tendrá razón y se equivocará. Lo primero porque Dios siempre anda suscitando cosas nuevas para circunstancias nuevas. Lo segundo porque en su ímpetu no es raro que la soberbia le impida comprender el inmenso valor de la tradición que lo precedió, el respeto profundo que le debe incluso a los hombres que han fracasado antes que él. Es joven, y con perdón, es un poco tonto, aunque claro, él no lo cree. Pero Dios lo ama sí como es.

Otros vendrán de lejos, de experiencias dolorosas de sinsentido. Vienen del “desierto del mundo”, un lugar lleno de sensaciones fuertes, de búsquedas intensas, de risas, llantos y sentimientos desatados pero de hondo vacío. Están cansados de la hipocresía. Nada ha satisfecho sus ansias de amar. Saben a ciencia cierta una cosa: debe haber algo más en alguna otra parte, en un lugar que no es de este mundo. Cuando uno de estos encuentra a Jesús, percibe que todo encaja, que el mundo vacío era sólo el cuenco que tenía sentido en el agua pura que ahora se vierte en él. Y cuando más vacío más agua recibe, más calma la sed. A estos parece que Dios les tiene un cariño especial, como quiere un papá al hijo enfermo, como vela la mamá al pie de la cama y lo abraza una vez sano, y respira de nuevo con lágrimas en los ojos.

Otros llegarán viejos. Han luchado contra Jesús toda su vida. Han querido desenmascarar esa "patraña suya" llamada Iglesia. Han esgrimido todos los argumentos en contra. Y muchísimas veces han tenido razón. Han ganado batallas contra la fe y han convencido a muchos de su falsedad. Y de puro cansados, humillados por la vejez, doblados por los años encontraron por ahí alguna persona coherente, un viejo también que los ayudó sin más interés que el cariño que suscita comprender que somos sólo seres humanos. Verá que el enemigo era en realidad su mejor amigo, el único que quedó cuando se apagaron las luces del escenario en el que actuaba de rebelde y enemigo. Y Dios lo habrá querido así, como es hoy que es como siempre fue, probablemente un alma herida y traicionada por los hombres pero no por Jesús ni su Iglesia. Y sólo Dios y él sabrán del profundo y terco amor que los ha unido.

Todos estos darán testimonio de su encuentro. Todos estos dirán a otros que sólo Él es la respuesta, el Camino, la Verdad y la Vida. Y todos estos sufrirán en carne propia no ser comprendidos. Y todos estos, a ejemplo del Maestro interior, imitando a Aquél que tienen en el fondo del corazón, poniendo ante los ojos de sus hermanos la forma de su alma, insistirán en predicarlo a Él. Y esta predicación será para cada uno una necesidad vital como el aire, como el alimento y la bebida. Y cada uno sabrá que no es más que un pobre miserable rescatado que quiere a su vez que rescaten a otros, porque sabe que él no los puede rescatar, que la Vida viene de Otro. Y por esta razón será despreciado y no pocas veces maltratado o asesinado. Y contra toda lógica humana jamás odiará nada de lo que Dios ha creado. Y terminará sus días diciendo: “que se haga tu voluntad y no la mía”.

Creo que algo de esto es el apostolado.

3 comentarios:

Edwin dijo...

Estoy de acuerdo contigo viejo amigo, ese apostolado tiene una palabra que resume mi propia experiencia de fe, ENCUENTRO, no sé si es así generalmente, pero ese encuentro con el Señor Jesús es vital pues me llama a poner los pies en la tierra, amar a Cristo, la Iglesia y a mis hermanos. Sin ese Encuentro, que se renueva inicialmente en el corazón de la persona, es imposible que fructifique cualquier apostolado ofrecido a Dios.

Saludos

LA GUITARRA ROTA dijo...

Reflexión madura y profunda que comparto, muy alejada del farisaico proselitisimo que muchos confunden con apostolado.

roncuaz dijo...

sí bueno... y aunque los síntomas pueden ser claros no es muy fácil en esta vida distinguir uno de otro... saludos y oraciones