viernes 10 de julio de 2009

Algo más serio de alguien más enterado


Publico un artículo de un amigo que está estudiando este tema con serenidad.


Cómo es lógico en todo proceso de crisis social, el conflicto selvático, además de movilizar profusas y encontradas sensibilidades, también está generando una nutrida producción académica y/o periodística de hipótesis y argumentaciones que vienen intentando dimensionar su problemática y sus implicancias futuras para el conjunto de la sociedad peruana. Así pues, los desencuentros sociales de la selva, convertidos ya en estudios de especialidad, están siendo abordados desde enfoques multidisciplinarios que si bien es cierto en muchos casos resultan convergentes y complementarios para abordar las diversas aristas del problema, en otros, vienen ensayando caprichosas interpretaciones de la realidad amazónica que proyectan una sombra de ficciones y distorsiones sobre el tema, no tanto por su carácter utópico como por sus pretensiones históricas-culturales.

Tal es el caso de ciertas lecturas institucionales cuyos prejuicios ilustrados y posmodernos proponen un generalizado imaginario cultural de los pueblos indígenas que, pese a más de cinco siglos de contacto con el occidente, mantendrían una cosmovisión básicamente prehispánica, especialmente, en lo relacionado a la valoración del hombre y la naturaleza. Así, el colectivo amazónico prolongaría en el tiempo una particular identidad cultural cuyo núcleo simbólico estaría sustentado en creencias mágico-religiosas de corte pannaturalista, lo cual, entre otras cosas, supondría la sacralización de la naturaleza y la disolución personal en ella. Sobre esta hipotética y radicalmente distinta “otredad” cultural se configura la plataforma de unas demandas sociales que justificarían el derecho para pensarse como Nación, incluida la autonomía absoluta para construir sus propios proyectos de convivencia social.

Sin embargo, la realidad cultural de la amazonía es mucho más compleja y no parece ajustarse a aquel utópico y estático imaginario por más atractivo que éste sea para sus seguidores. En efecto, un análisis serio de los procesos histórico-culturales de la amazonia nos sugiere una realidad mucho más dinámica, susceptible de profundas transformaciones culturales que cambiaron radicalmente el panorama de las poblaciones amazónicas precolombinas. Sin posibilidades de emprender un análisis de esa magnitud en este apretado espacio, se propone una breve revisión de por lo menos tres hitos históricos que pueden servir de sustento para las afirmaciones precedentes.

El primero, sugiere que el proceso de transformación cultural se inician desde mediados del siglo XVI cuando una legión de misioneros mercedarios, dominicos, agustinos, franciscanos y jesuitas emprendieron una vasta e intensa labor evangelizadora que durante más de dos siglos operará una paulatina y profunda conversión del sistema simbólico y social de la mayoría de las poblaciones indígenas organizadas alrededor de innumerables centros misioneros (sólo los Jesuitas a finales del siglo XVIII habían fundado 173 centros poblados en la región de Maynas). Se configuraría desde entonces una novedosa expresión cultural cuyas nervaduras simbólicas llevaran impresas el sello cristiano del occidente.

El segundo hito, sugiere que, incluso en lo contradictorio de algunos periodos republicanos, el proceso de mutación cultural no se podía detener. Ese es el parecer del renombrado antropólogo del Instituto de investigación de la Amazonia Peruana (IIAP), Jesús San Román, quien refiriéndose al movimiento inmigratorio occidental que generó el descubrimiento del caucho en la selva, señalara que “el contacto con otros grupos y razas trajo adherencias, adaptaciones y cambios culturales. La vida del indígena se transformó, se empobreció o enriqueció en este molde nuevo de coloniaje mestizo, pero se prolongó siempre. El influjo cultural, fue sin duda mutuo, pues el inmigrante debió adaptar también su forma de vida a la realidad de la selva, con su ambiente cultural. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que el ribereño actual es una síntesis de ese conglomerado racial y cultural, que creó la explotación del caucho” (San Román: 162).

Finalmente, otro hito importante de este proceso se registra entre las décadas del cuarenta y setenta del siglo pasado cuando el Estado peruano, en consonancia con los proyectos modernizadores en boga, desarrollará una agresiva política de integración de la selva a la vida nacional mediante la construcción de carreteras de penetración, el arraigo de una frondosa burocracia administrativa, y sobre todo, la expansión de infraestructura y programas educativos, los cuales, está demás decirlo, se sustentaban en categorías occidentales. “La escuela y su personaje el maestro, se plantaron firmemente en el paisaje de la selva y cambiaron gradualmente la panorámica cultural. Crearon nuevas necesidades, modificaron actitudes, abrieron el interés a apetencias de escolaridad, y, en definitiva, fueron promotores de un nuevo ambiente. Ciertamente que su actuación se presta a juicios contradictorios, según el ángulo desde donde se mire; pero en todo caso, la escuela y el maestro se convirtieron en ejes de la vida del caserío, siendo factores de cambio. El poblador de la selva vio en la escolaridad un medio de ascenso social que le permitía acercarse al mundo blanco” (San Román: 222).

Pues bien, sean estos apuntes históricos tan sólo una sugerente evidencia de las profundas mutaciones culturales que experimentó y sigue experimentando la amazonía peruana y que dificultan una caracterización monolítica prehispánica del ethos cultual amazónico. Más bien, la pretensión de avanzar en esa caracterización exige la consideración de una síntesis cultural de los diversos pueblos que trajinaron por la historia de esas tierras. Una síntesis dinámica e incompleta que, portadora de múltiples expresiones culturales, lleva impresa en sus entrañas, como el resto del Perú, la cosmovisión judeo-cristiana. Por lo demás, esta es una comprobación que cualquier ciudadano-no-turista puede realizar cuando recorre las ciudades y los caseríos de las poblaciones amazónicas inmiscuyéndose en su diario trajinar.

Así planteadas las cosas, Amazonía y el resto del Perú son realidades unidades profundamente por la historia y la cultura, una realidad que nos otorga el derecho de pensarnos y sentirnos como una Nación peruana, una realidad pero a la vez, es necesario resaltarlo, un proyecto.

Alejandro Estenós

miércoles 8 de julio de 2009

Mitos indo-naturalistas posmodernos y occidentales


Pizango no es que digamos un "no contactado" ¿O sí? Viéndolo bien, bien contactado estaba con el Congreso y los que lo ayudaron a salir del país
Digamos algo de Bagua y efectos secundarios, colindantes, relacionados, subsumidos o mezclados. Como este paro de por acá en el Sur. No podemos salir a caminar libremente sin que nos tiren piedras. Más allá de un cierto salvajismo étnico que se puede seguir por tradición histórica, hay que decir que todo esto se trata de un movimiento anarquista bien coordinado y monitoreado. Y está enraizado tanto en la aguda inmadurez social y política de nuestro querido país como en ciertos mitos que a su vez la alientan.

Uno de los más recurrentes es el de los indios buenos contra los blancos malos. Este argumento de spaghetti western tiene mucha prensa y difusión. El gobierno hambreador y capitalista, desalmado y poco dialogante es detenido por una tribu de indios bondadosos que se han visto obligados por la injusticia a salir a las calles a realizar una gesta emancipadora. Sólo nos falta el Zorro y Kevin Costner danzando con lobos.

Pues bien, resulta que es un mito, una mentira, una patraña, un engañamuchachos. El indio puro y selvático no existe como no existe el aymara incontaminado o el quechua profundo o el mundo andino. Vea si no a los que promueven el paro, son más occidentales que el rey de España. Váyase a Pucallpa y encontrará ipods y blackberrys de última generación. Lo mismo en la sierra centro y sur. La pobreza del país es innegable y la mala distribución de la riqueza también lo es pero esto que estamos viviendo es, en buena parte, oportunismo político y la estrategia de grandes capitales interesados en la anarquía. Que el gobierno ha cometido, comete y probablemente cometa errores y graves lo sabemos desde la independencia. Que eso justifique la anarquía no. Los frutos del desgobierno siempre son peores que los del gobierno.

Mientras tanto desmontemos un poco el mito del chuncho calato y del indio pétreo. Claro, sin negar jamás que este pobre país, como todo el mundo, está lleno de injusticias. Sin negar jamás que han habido atropellos sin nombre contra derechos de personas y poblaciones concretas, como la esterilización forzada en la época de Fujimori. Sin negar también que la explotación indiscriminada d elos recursos naturales termina por dejar más daños que beneficios y que los beneficios no llegan a los más desfavorecidos. Y hay que luchar contra ellas pero no con más injusticias como tirarle piedras al pobre transeúnte.
Nota: he agregado algunas líneas a este post porque me enteré que los obispos de la amazonía se han pronunciado sobre este asunto. Agradezco al amigo Milanta la información y la agrego aquí:
Aunque yo ubicaria mi post desde la pesrpectiva que aparece en este párrafo:
"Esta desesperación y desunión hace que en su necesidad de ser escuchados acepten el apoyo de algunas asociaciones y grupos politizados que aprovechan la oportunidad para presentar otras peticiones o reclamos que de ninguna manera nosotros apoyamos".
Como siempre que el lector se haga su opinión y nos la de. Este humilde posteador escucha y publica siempre, o casi siempre.

martes 7 de julio de 2009

25000 visitas a Roncuaz!!!!


En la foto: una muestra de las celebraciones por las 25000 visitas de roncuaz, el casi interdiario católico de su preferencia...
Cuando cumplimos 5000 visitas dijimos que lo recordaríamos en las 25000. Esto ya ha ocurrido ¿Hasta cuantas llegará Roncuaz?
No deje de seguirnos en nuestra titánica tarea de llevarle un mínimo de reflexión católica libre de prejuicios y con algo de juicio... saludos y gracias por la sintonía...

lunes 6 de julio de 2009

El código de la HH


Como muchos que leyeron el código, al ver a Dan Brown tan millonario decidí aventurarme con mi propio código. Les adelanto algunos apuntes de las líneas generales del argumento. Claro que se pueden mejorar.

Brown quiere decir marrón en español. Y marrón es la combinación de MARihuana con RON. Por lo tanto el apellido Brown es en realidad la dinastía de los principales sacerdotes de una religión antigua de unas misteriosas islas del Caribe en las que mezclando la Cannabis Sativa con el sagrado cacao se hacían unos panecillos que se remojaban en el Ron que se destilaba de la caña. El consumo ritual de estos producía un poderoso efecto alucinatorio llamado “hierostone”. Pocos saben hoy que los brownies, esos quequitos de chocolate cubiertos con trocitos de pecana y espolvoreados con azúcar impalpable son en realidad un símbolo sagrado de la hierostonía. La hierostonía llegó a Europa en los barcos de Colón quien se convirtió en un entusiasta de los “marroncitos”. En la época del apogeo de los navegantes ingleses, éstos los tradujeron a “brownies” y los introdujeron en Inglaterra. Allí, en Oxford, se creó la HH, es decir la Hermandad de la Hierostonía quienes se identificaban entre sí gritando AHH. Pocos saben hoy cuando gritan AHH que están invocando a los dioses hierostónicos del Caribe. La mitología hierostónica es compleja y recoge los aportes más poderosos de todas las religiones para integrarlas al surf. Uno de los Maestres más conocidos de la HH fue Jerry López aunque también están Ben Aipa, Buttons Kaluhiokalani y últimamente un peruano de nombre Magoo de la Rosa y su discípula Sofi Mulanovich.

¿Diría usted que el texto anterior está escrito por un chiflado sin remedio? Bueno, si usted lo dijera yo respondería que seguro pertenece a la secta del Antihuirus que ha difamado las bondades sagradas de la marihuana. Los antihuiritas se inflingen dolor y tienen una visión medieval que han inculcado a los padres de familia para que impidan a sus hijos fumar la hierba sagrada.

Estimado lector, no he querido insultar su inteligencia, sólo quiero salir de pobre…

viernes 3 de julio de 2009

Nadie es dueño de la verdad


Conversaba con un amigo sobre algún típico “asunto polémico”. Para ser sinceros no recuerdo cuál. El asunto es que cuando llegamos al clásico punto muerto en la “polémica” salió la célebre frase que encabeza este artículo. He notado que suele decirse cuando se ven dos posturas contrapuestas sin posibilidad de ser compatibles. Algunos ejemplos: el aborto es un crimen o no, la homosexualidad es normal o es una patología, la eutanasia es un asesinato o no, etc. En ninguno de esos casos podemos en realidad encontrar una suerte de vía media. Entonces es cuando parece que hubieran distintas “verdades”: una para quien aborta, otra para quien no está de acuerdo, una para el homosexual, otra para el que se opone, etc.

Pero más allá del uso viciado de la frase supongo que quienes dicen esto lo hacen porque creen que es una afirmación verdadera. Y, hay que decirlo, es verdad. Nadie es dueño de la verdad porque la verdad no tiene dueños, más bien servidores o cooperadores. No existe por lo tanto tu verdad (una verdad de la que tú eres dueño) o mi verdad (una verdad de la que yo soy dueño) sino la verdad (de la que tú y yo somos buscadores). Perdone estimado lector si lo dicho hasta aquí le suena a cantinflada pero la cosa está complicada justamente por negar la posibilidad de conocer la verdad.

Si esto es verdad sólo quedan dos caminos, ponerse a favor o en contra de la verdad. Para ponerse a favor no hay otra manera que admitir que lo que vemos y percibimos por los sentidos es real. Es decir que más allá de mis interpretaciones en las que puede haber error, es verdad lo que percibo aunque sea parcial o provisional. Así podemos afirmar la verdad de la naturaleza de las cosas (una cosa es eso y no otra cosa que se me ocurra: un hombre es un hombre, una mujer es una mujer, el matrimonio de por sí heterosexual, una persona es una persona, una vida humana es humana). Existe entonces una sana confianza y una sana provisionalidad dentro de lo razonable.

Para estar en contra de la verdad es necesario negar que exista una naturaleza o que se pueda conocer. Todo se reduce entonces a interpretaciones de igual nivel o autoridad, ocurre entonces como dice el tango que da “lo mismo un burro que un gran profesor”. Todas las opiniones son válidas y cualquiera que afirme una verdad sobre las demás será intolerantemente tildado de intolerante. En ese camino, se vislumbra en el horizonte el tenebroso Ministerio de la Verdad mediante el cual el poder de turno reescribía la historia y cambiaba el contenido de las palabras de acuerdo a sus intereses, como lo profetizara Orwell en su espeluznante novela “1984”.

miércoles 1 de julio de 2009

Mozart, Dina y la cultura







Tuve una larga discusión con un importante ejecutivo. Desde una óptica empresarial aplicada a ciertos asuntos humanos este amigo me decía que la cultura era en realidad un lujo, una necesidad terciaria en la lucha por la vida. Que lo más que se puede hacer con un pobre es que aprenda a bañarse y ser algo presentable. Que los pobres no tienen nada que ver con Mozart ni con el teatro, ni con la literatura, sino con hacer bien su trabajo y en su tiempo libre escuchar a Dina Páucar e irse a emborrachar a alguna pollada.

Vi dos problemas en la discusión. El primero, la reducción de la cultura a ciertas manifestaciones. Cultura sería Mozart y no Dina Páucar. Aunque de diversa complejidad y hondura, ambas son manifestaciones culturales. Quien no se esfuerza por comprender ambas no puede hablar de ninguna con razón. Al final la cultura es el crecimiento humano, la capacidad práctica de ser cada vez mejor uno mismo y en relación con los demás. Y eso no tiene nada que ver con ser rico o pobre, con Mozart o Dina, sino con la adecuación de la vida a los valores auténticos. He visto hombres cultísimos trabajando la tierra y verdaderos salvajes de saco, corbata y colonia importada.

El segundo problema, que se sigue del primero es pensar que la cultura no es una necesidad primaria, sino secundaria y prescindible. Falso. De nada sirve la vida sin un sentido, y la cultura es justamente la expresión de esa búsqueda de sentido. Búsqueda dolorosa, intensa y también alegre que la humanidad entera emprendió desde que es humanidad. Y en eso tampoco se distinguen ricos y pobres.

martes 30 de junio de 2009

"Caridad" y Caridad


Disculpen la insistencia en el tema, y disculpen las disculpas, pero en conciencia, de corazón y sin disfraces: ¿Puede tener alguna justificación racional o inteligente el acto que produce lo que vemos en esta foto? Yo no la veo.


Hay una caridad entre comillas. No surge de los Evangelios si no del respeto humano y el miedo a decir la verdad. Los que la promueven sólo quieren la comodidad de no ser contradichos en sus vicios. Fingen que los demás les importan pero no es así, sólo les molesta que la realidad no les de la razón. Son hombres y mujeres que le habrían dicho a Jesucristo lo mismo que le dijeron los fariseos cuando echó a los mercaderes del templo: “¿Con qué derecho haces esto?”. En lugar de comprender y tratar de aprender, intentarían llenarlo de argumentos como:

-“pobrecitos ¿De qué van a vivir? Qué poco cristiano eres, Jesucristo. Si eres Dios ¿Te parece bien tirar las mesas, empujar las ovejas y hacer volar los pichones? Si amas a los hombres ¿Te parece bien hacer un látigo con cuerdas y asustar así a los pobrecitos comerciantes informales? ¿No te das cuenta de que les duele?”.

Ante el tema del aborto, homicidio objetivo, flagrante y evidente, le dirían: “¿No te das cuenta de que esa madre puede morir?” (¿Y el niño?); “¿Te parece bien que una mujer tenga un hijo fruto de una violación?” (¿Y el niño? El hijo no es el crimen, añadir otro crimen al primero ¿Arregla algo?); “No insultes a los abortistas diciéndoles que están cometiendo homicidio” (¿Y el niño? ¿no es un homicido matarlo?); “respeta todas las creencias” (¿Y el niño? Si son creencias homicidas ¿Merecen “respeto”?).

Lo que pasa es que hay algo demasiado importante en juego, algo sagrado. Jesucristo no les respondió nada a los fariseos. Es que no hay respuesta a argumentos de este tipo. Cuanto más se discuten peor se enconan en su intento de callar al que les dice la verdad. Sólo quedó en los discípulos la lección: “el celo por tu Casa me devorará”. Como lo veo la lección cristiana se traduce en los principios no negociables. El respeto y la defensa de la vida inocente del no nacido es uno de ellos. El resto, son sólo palabras y emociones vacías de sentido y de amor. El amor del Señor puede ser feroz pero jamás homicida. Esa es la diferencia entre la caridad real y la entrecomillada y edulcorada moralina pseudo-tolerante que intenta convertir en derecho un crimen disfrazándose de la sagrada caridad. En síntesis: cosa del padre de la mentira. Distingamos queridos lectores.

viernes 26 de junio de 2009

Zombies y aborto







La figura del “muerto que se mueve” me ha suscitado otras reflexiones por analogía. Así como los zombies terminan por actuar todos de la misma manera homicida, hay tendencias en nuestra sociedad que convierten a muchos en homicidas directos o indirectos. Una de ellas es la defensa del aborto. Recuérdese que los zombies no se matan entre ellos si no que atacan sólo a los que están vivos. Lo mismo, los que defienden el aborto sólo atacan a los que defienden la vida. Los zombies han perdido el intelecto, sólo actúan movidos por una sorda necesidad de matar seres humanos. Pues bien, piénsese en lo que se hace en todo el mundo con los embriones asesinados. Recuerden los tachos de basura repletos de niños. Recuerden cómo se los usa, congela, descongela, destruye, disecciona. Pensemos en cómo se los convierte en fuente de células estaminales para suplir necesidades de gente poderosa. Los zombies son cada vez más y los que no lo son, cada vez menos. Fuerza muerta, fuerza de la muerte que se expande como un chorro de tinta en agua cristalina. Destierro feroz de la capacidad de ver la humanidad que carcome mentes de gente con poder. Muerte de la conciencia más elemental.

Esperemos en nuestra fidelidad a Dios y a la vida que Él nos regala. Como en algunas películas de zombies, la epidemia se detendrá y todo volverá a florecer. El asunto es resistir de la manera más inteligente. Y no dejarse morder por los zombies.
En una cosa falla la analogía: los zombies abortistas sí que pueden volver a la vida, basta que entren aunque sea un poquito en los pequeños trozos de corazón que les quedan.

jueves 25 de junio de 2009

¡300 entradas de Roncuaz!

En la foto el esforzado redactor en jefe de roncuaz


Rifaremos entradas para "300" como un homenaje al equipo que hace "Roncuaz" el interdiario católico de todos. Saludos y gracias por la sintonía.

Celibato, matrimonio y perversiones


Culpar al celibato de algún "crimen sexual" es tan miope como culpar al matrimonio de lo mismo. Por cierto, estadísticamente son muchos más los perversos sexuales casados que los célibes. Y no es un orgullo para el celibato ni una humillación para el matrimonio. Crímenes hay en todas partes. Algunos ingenuos piensan que si los curas se casaran entonces ya no habría perversos entre los curas. Podríamos decir entonces que si los adúlteros casados se hubieran dedicado al celibato, habría menos perversos entre los casados. Otra posibilidad es diseñar una policía antiperversión para descubrirlos antes y obligarlos a casarse o hacerse célibes para que no sean perversos.

Decir que porque uno es célibe se vuelve un perverso sexual, es como decir que porque uno se casa se ha vuelto un perverso sexual. O porque uno no se casa, también. El celibato, el matrimonio, la soltería, jugar fútbol, dedicarse a escribir columnas periodísticas, afiliarse a un partido, pertenecer a una institución de cualquier tipo son cosas que las personas hacemos. Y las hacemos por razones que descubrimos. Y cuando hacemos cosas malas, muy malas o terriblemente malas, no podemos culpar del mal que hicimos a nuestra pertenencia a tal o cual institución o a tal o cual estado de vida. Más bien parecía que la institución y el estado de vida nos ayudaban y que al traicionarlos hemos hecho el mal.

No nos engañemos: las perversiones sexuales, tanto como la esquizofrenia, las diversas psicopatías, aficiones extrañas, adulterios, adicciones, mentiras y traiciones de todo tipo no surgen de instituciones sino de malas decisiones y las malas decisiones surgen de un corazón enfermo. Y la enfermedad es el pecado. A muchos de mis colegas columnistas no les gustará esta expresión. Lo se. Pero soy cristiano y para un cristiano no hay más explicación que esa profunda no explicación y absurdo que el pecado es.

Culpar al celibato de la perversión, de la homosexualidad, la doble moral, la cobardía o cualquier otra monstruosidad humana puede ser una perfecta disculpa de las propias limitaciones. Bien mirado es un fariseísmo y un maniqueísmo disfrazado: “Los malos son los que no viven como yo. Y como yo no puedo vivir como ellos es imposible que sea cierto que ellos lo vivan. Tengan cuidado con ellos. Son dignos de sospecha” ¿No se parece esto al racismo? ¿No suena a intolerancia y a prejuicio? ¿Metemos todo en el mismo saco y lo apaleamos?

Soy casado y tengo cuatro hijos y si un casado cometiera alguna perversión, la desgracia sería la misma que si lo hiciera un célibe. Mi tristeza e indignación serían iguales. E igual me parecería una torpeza y una cobardía usar su desgracia y locura para culpar a su estado de vida mezclando adrede cosas que son muy distintas.

lunes 22 de junio de 2009

El moralismo, veneno mortal y moral


Existe y todo lo confunde. Es el vicio por excelencia, la más profunda y oscura cueva de ladrones: el moralismo. Desde los evangelios encontramos este feroz cáncer de la moral que deforma y destruye a las personas encerrándolas en sí mismas. Allí está el escalofriante relato del fariseo y el publicano. Uno inflándose ante Dios como la rana de la fábula que explota por querer ser como el buey, el otro mirando al suelo reconoce sus culpas y así se hace libre de ellas. No es difícil reconocerlo en los demás, es duro verlo en uno mismo. Es esa sutil defensa de la moral en la que uno siempre es el justo, el que tiene algo que decir, el que puede juzgar y condenar.

Aparece vibrando en los chismes, en las cosas escabrosas que nos escandalizan pero que también nos deleitan porque nos muestran que no somos tan malos como cuenta Quino en esa tira en la que Susanita después de leer una increíble cantidad de crímenes en el periódico dice: “he estado leyendo lo buena que soy”. Aparece también en la actitud del que se escandaliza del mal ajeno, el que se sorprende de encontrar tantas miserias. En el fondo hay tantas condenas hipócritas, hierve tanto el cinismo que sus insanos vapores no permiten distinguir el cáncer del organo que lo deforma. Entonces muchos acusan de moralismo a quienes defienden algo verdadero y valioso. Y de forma inversa se erigen en jueces, nuevamente moralistas, que juzgan y condenan en nombre de una libertad que definen arbitrariamente. Babel no es una historia antigua, no. La confusión brotó de la soberbia, la luz de la gracia. Pero hay que tener la humildad de pedirla.

viernes 19 de junio de 2009

Zombies y sexo




zombies de película y zombies de verdad
Vi una película de zombies. El argumento es siempre el mismo en lo básico: alguna enfermedad creada por los hombres termina por matar a las personas y a la vez hacerlos “revivir” pero muertos. Es decir sólo les queda el movimiento y una ferocidad animal por la que devoran todo lo que encuentran.

Pensando en la sexualidad humana me ha parecido una alegoría bastante grotesca pero exacta. Cuando la persona muere moralmente, es decir, cuando reniega de su dignidad de hijo de Dios y se somete a las pasiones –siempre inferiores a él- le queda el movimiento de la vida pero no la vida. En lo sexual esto aparece como una tendencia a querer devorar al otro, a usarlo para la satisfacción de algo ajeno -y no pocas veces contrario- a la vida misma. Los disfraces de esta tendencia neurótica no pueden esconder el resultado final: la soledad, la muerte de las relaciones humanas.

Veo algo de diabólico en esa suerte de voluntad ciega y feroz de buscar el placer sexual como un triste paliativo para el dolor de estar muerto en vida. Además, así como en las películas de zombies, poco a poco todos terminan siéndolo, el uso del sexo como algo irrelevante se expande, produciendo en serie seres humanos incapaces de amar, insensibles al otro, despojados de toda compasión auténtica. Les queda el sentimiento pero no la razón, ni su expresión más completa: la inteligencia de sí mismos. Viene a mi memoria el viejo verso de Dante: “verás gente dolorosa que ha perdido el bien del intelecto”.

De otro lado, debo decir que la idea de los “muertos viventes” es fuertemente bíblica: “tienen nombre de vivos pero están muertos”.

jueves 18 de junio de 2009

Biologismo


Una gran pregunta atraviesa la historia humana: ¿Qué es el hombre? Podríamos decir que de la respuesta que se de, consciente o inconscientemente, se sigue la acción, el pensamiento y las decisiones cotidianas.

Veamos una de las que con mayor frecuencia encontramos hoy en día. La llamamos biologismo porque a la gran cuestión humana responde simplemente que el hombre es un animal. Un poco más complejo pero animal al fin. En esto tienen mucho que ver el evolucionismo (el hombre es una especie más que ha evolucionado mediante la adaptación al ambiente), el psicoanálisis (el hombre es un individuo que reacciona de acuerdo a un impulso biológico primario: la libido) y el materialismo (el hombre, al final no es más que materia organizada biológicamente).

Más allá de la historia de las ideas, el biologismo tiene expresiones cotidianas muy concretas. Una mirada a vuelo de pájaro: la neurosis por la salud y la belleza que centra a tantos millones de personas en el cuerpo como si del mero aspecto externo de animal bello y sano dependiera la realización humana; el racismo que hace depender el valor de la persona de la condición biológica llamada raza; la concepción del amor como mera atracción sexual y hormonal; los escabrosos experimentos con seres humanos que se multiplican con el avance de ciertos sectores de la biotecnología. Creo que merecemos algo mejor.

miércoles 17 de junio de 2009

Tres datos


Hay tres datos clave que la Revelación cristiana nos entrega para comprender al hombre (y por lo tanto a cada uno de nosotros mismos): creación, pecado y reconciliación.

Por el primero sabemos de nuestra infinita dignidad de ser imagen y semejanza de Dios, única criatura amada por Él en sí misma. Todo lo demás recibe el amor de Dios en relación a nosotros los hombres. Por el dato de la creación nos enteramos también de que hemos sido creados para amar, que estamos configurados de tal forma que sólo el amor puede responder a nuestra sed de infinito.

Por el segundo nos enteramos de porqué teniendo esa infinita dignidad no somos lo que realmente somos. Una sombra aletea en los rostros cuando escuchamos hablar del pecado. Nuestra sensibilidad parece acostumbrarse a lo malo. Es la razón por la que comprendemos los vicios y no creemos que existan las virtudes. Tendemos al “piensa mal y acertarás”. Algunas veces hasta pensamos que esto es humildad. Sorprende el pesimismo antropológico que muchas veces cargamos los cristianos. No nos demos gato por liebre. Nada está más alejado de nuestra fe que esta falsa humildad.
Porque hay un tercer dato, el más importante, inefable, infinitamente íntimo y distante, paradójico y dulce, terrible y tierno, inabarcable y sencillo, un dato, un regalo, una buena noticia, un Evangelio. Dios se hizo hombre. Desde ese inaudito momento pasó lo viejo, todo es nuevo. Desde ese momento, cristiano, eres mejor que Adán porque el Nuevo Adán ha querido hacerse uno como tú, compartir tus dolores, pagar tus deudas, asumir tus culpas. No hay dolor ni humillación que te pueda quitar la alegría si no quieres renunciar a ella. No le debemos nada al mal. No tenemos porqué humillarnos ante lo inferior a nosotros. Hemos sido liberados, hemos sido amados desde antes de nacer. Eso ha sido nuestro bautismo, esa es la auténtica dinámica de nuestra vida. Recuérdalo cristiano, haz memoria en tu corazón, hijo de María. No tenemos nada que temer.

martes 16 de junio de 2009

¿Interesante o verdadero?


Un amigo mío paseaba por Nueva York en un city tour. Al pasar por el barrio chino, el guía explicó a los turistas un largo mensaje escrito en caracteres chinos. Dijo que era una sabia frase de Confucio sobre el amor y las mujeres. Lamentablemente, entre los asistentes había un chino que lo corrigió:

-allí dice “lavandería al peso de la familia Chang Tien Siam. Bienvenidos con su ropa sucia”

A lo que el guía, muy suelto de huesos, replicó:

-Puede ser verdad pero mi explicación era más interesante ¿no?

Como anécdota graciosa el asunto pasa y el ingenio del guía le puso humor al paseo. El problema es cuando en la vida lo interesante reemplaza lo verdadero. Eso mismo noto constantemente en una serie de hipótesis que se autodenominan científicas y que en el fondo son sólo interesantes ficciones, literatura en el fondo. Piénsese por ejemplo en el psicoanálisis, el marxismo, el liberalismo, el relativismo, el evolucionismo. Piénsese también en la gnosis, las explicaciones teosóficas y pseudorreligiosas como el ya famoso "secreto". Suenan interesantes y comprensivas pero no pasan de ser doctrinas en buena parte reductivas. A la larga no son verdad, no por lo que afirman sino por lo que niegan. La parte de la realidad que no les interesa simplemente no existe. Por ello es que, lejos de responder a las personas concretas, se quedan en sus propios presupuestos y sólo engordan a los que las sostienen.

lunes 15 de junio de 2009

Sin pasión por el dinero...


Puedo decir que casi carezco de toda pasión por el dinero. No la ensalzo ni la criminalizo. En verdad, me importa sólo cuando me falta. Por ejemplo cuando tengo que tomar un taxi y avergonzado me doy cuenta de que no me alcanza y me voy caminando a mi casa. O cuando descubro horrorizado que no puedo salir de una playa de estacionamiento porque no traje plata y la mendigo a un conocido al que después le pago doblemente avergonzado. Tampoco me importa mucho ya la ropa que me pongo, con tal de no verme tan feo que llame especialmente la atención.

No digo que yo sea especialmente generoso, bondadoso o humilde. Algunas veces he llegado a dudar de que esta indiferencia no sea más que pereza o mediocridad, malhechura, o zarrapastrosidad. Pero me pasa de vez en cuando, sobre todo en los aeropuertos, que me detengo a ver esos hombres jóvenes bien afeitados, encoloniados y engominados que corren con un aparato en la oreja, un aparato en cada mano y se suben a otros aparatos para irse a otros lados y volver siempre con la misma cara de seriedad y autosuficiencia diciendo financieras palabras inglesas a gran velocidad mientras su corbata amarilla o rosada vuela al viento de sus prisas. No los juzgo porque no los conozco, pero cuando los veo siempre me embarga una cierta infantil tristeza, como si fueran amigos de barrio que he perdido, como si la bicicleta nueva los hubiera apartado de los juegos que nos hicieron amigos. Y rezo por equivocarme, y en verdad, rezo por sus familias. Y lo hago porque sé que un hombre apasionado por el dinero difícilmente puede ser un apasionado de su familia. Son pasiones irreconciliables.

Probablemente yo no sea más que un romántico y un tonto. Pero lo digo en serio: no le veo la gracia a eso de gastarse la vida buscando dinero. Y prefiero mi tontería. Sé que hay hombres geniales para crear riqueza. Yo los respeto y admiro sinceramente. A algunos de ellos incluso los quiero entrañablemente, pero yo no soy uno de ellos. Sospecho incluso que crean riqueza porque no les importa el dinero y tengo la esperanza de que en verdad quieran hacer progresar a otros, a su país, al mundo. Yo no soy pobre ni rico, pero pienso que esa es la ingenua y siempre misericordiosa esperanza de los auténticos pobres cuando piensan en los ricos: se imaginan que alguien vela por ellos.

miércoles 10 de junio de 2009

¿Por qué la Iglesia no nos da otra salida?


No pocas veces he escuchado esta pregunta sobre el tema de los anticonceptivos. Se piensa así que la Iglesia es una especie de gendarme, un policía de tránsito que dice qué se puede y qué no se puede hacer en materia sexual. Creo que se entiende mal el argumento central. Pienso que la oposición es de principio: la concepción es objetivamente un dato clave de la naturaleza del acto sexual, por lo tanto es un don de Dios. El anticonceptivo se opone a la concepción, por lo tanto se opone a la naturaleza del acto y al don de Dios. Por estas dos razones la Iglesia no puede promover la anticoncepción. Esa es la lógica y esa me parece la postura de la Iglesia: la defensa de la naturaleza del acto y del don de Dios. No se trata de una arbitrariedad fundada en motivos oscuros o meramente prácticos para ordenar la sociedad, ni la Iglesia es un policía que castiga, simplemente es una voz que se pronuncia sobre el tema desde su milenaria sabiduría. Si la Iglesia no existiera el tema sería igual aunque nadie lo dijera.

Ahora bien, los argumentos a favor de la anticoncepción se fundan básicamente en lo que podríamos llamar “casos desesperados”. Se dice que hay situaciones en que la pareja no puede o no debe concebir por razones económicas, sociales, de salud, de estabilidad psicológica, etc. Habría que ver efectivamente cada caso, y sobre todo, la misma pareja es la responsable de pensar su propio asunto, pero jamás prescindir de la naturaleza del acto en sí.

Como segundo paso se argumenta que la procreación no es el único fin de las relaciones sexuales y que el otro es la unión de la pareja. Es verdad, pero separar de plano los dos fines es lesionar a los dos. Además, conociéndome y habiendo escuchado a muchísimas personas casadas sobre el asunto, temo que no pocas veces, en estas argumentaciones a favor de la unión prescindiendo de la concepción, se cuela la idea consumista de menú:

Bienvenido al acto sexual

a. Si quiere hijos pulse "sin protección"

b. Si no quiere hijos pulse "con protección"

c. Si quiere sólo placer pulse "uso"

d. Si quiere algo más serio hable con su pareja


Lamentablemente esa idea es una abstracción. Así no funciona. Por lo menos humanamente no.

Quien quiera gozar de relaciones sexuales auténticas debe tener en cuenta que cerrarse a la concepción es algo que tarde o temprano termina por lesionar la verdad de su propio amor conyugal. Ojo, no es una amenaza de fuera, si no un peligro que surge de la misma violación de la naturaleza del acto. Siempre recuerdo este adagio: “Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca”. La naturaleza humillada, te pasa siempre la factura. No le echemos la culpa a la Iglesia de lo que es responsabilidad nuestra. Ella sólo quiere ayudarnos.

lunes 8 de junio de 2009

Pequeñísimo homenaje a Beckett



Lucky es un personaje de “esperando a Godot”. Es el sumiso esclavo de Pozzo, un aristócrata que de vez en cuando le pone un sombrero que lo hace proferir un discurso encarnizadamente complejo, vago y sin sentido. Algo de eso es lo que me evocan algunas discusiones relativistas, real y simple miseria de la filosofía no porque la filosofía sea una miseria sino porque la falta de hondura de ciertos malos filósofos la pone al servicio de sus miserias.

“Pozzo se dirige a Lucky con furia:

- Lucky, deja eso…

Lucky le responde con ojos desorbitados

- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Cómo entienden otras culturas eso? ¿Por qué eso y no lo otro? ¿No depende eso del punto de vista? ¿No es eso tu versión de eso y no eso en sí? Si nadie puede decir nada de eso en sí ¿Para qué hablamos de eso? Si eso puede ser eso y lo contrario a la vez ¿Qué es eso? ¿No será eso una mera construcción del lenguaje? Y si es una mera construcción del lenguaje ¿Tiene sentido hablar de eso? Mejor hablamos de esto otro, pero como esto otro está en necesaria relación con eso ¿No terminaríamos hablando también de eso al final ya que esto es esto relativamente a eso? Mejor nos decimos nada de eso ni de esto. Listo ¿ahora de qué hablamos? De cualquier cosa y en cualquier sentido ¿Qué más da? Si al final lo importante es estar cómodos. Pero ¿Qué es estar cómodos? ¿Según quién?

Pozzo le arranca el sombrero. Lucky se queda inmóvil, como un muñeco sin cuerda”


Estas podrían ser algunas líneas de Beckett, pero no lo son. Son sólo un humilde homenaje de Roncuaz al genial irlandés. Y de paso una cierta caricatura de la realidad.

jueves 4 de junio de 2009

¿Utopía arcaica vs utopía liberal?


Una mirada rápida y una crítica a un ensayo de Vargas Llosa. El libro lleva el título de Utopía Arcaica y es una presentación crítica del indigenismo. Se centra básicamente en la obra de José María Arguedas aunque menciona a Ciro Alegría y a Valcárcel.

La pluma del célebre novelista hace del ensayo un texto sugerente y fácil de leer. En síntesis la idea central del libro está contenida en el mismo título: para Vargas Llosa el indigenismo es una utopía, es decir algo que no tiene lugar en el tiempo y en la historia y es arcaica porque pretende reconstruir un mundo antiguo y cerrado a la modernidad. El mundo andino de Arguedas es una especie de gran fábula, una hermosísima ensoñación, un ideal que reedita el romanticismo de Garcilaso de la Vega. La ironía no pasa desapercibida: la utopía indigenista de Arguedas viene en realidad de Europa por lo tanto su sueño de un mundo puro, justo y sin vicios que habría caído por la perversa influencia católica española no es otra cosa que una idea que viene del complejo mundo europeo de los siglos XV y XVI.

El ensayo de Vargas Llosa es muy agudo y deja poco del indigenismo como proyecto político o nacional para ensalzarlo como una suerte de fecundo "humus literario". Lo curioso del asunto es que entre líneas se percibe que el novelista está también inmerso en una utopía liberal desde la cual sueña un Perú moderno y libre desde una perspectiva neuróticamente individualista y paradójicamente tan ingenua como el indigenismo que critica. Vargas Llosa quiere que el Perú sea Suiza, el problema es que tendría que deshacerse de todos nosotros los cholos y llenarlo de suizos ¡Pero resistiremos!

miércoles 3 de junio de 2009

Opiniones de un payaso y algunos otros alemanes


Comento lo que leo, cuando comento no me olvido y así voy pensando y recordando. Esta es la tapa del ejemplar que me prestó un querido amigo que ahora vive justamente en Alemania.


Hace algunos años leí la conocida novela de Heinrich Böll. Sorprende la sensibilidad de este premio Nobel por lo sobrenatural de la fe. El personaje central, Hans Schnier, un joven que decide ser payaso de profesión, desnuda la hipocresía y la vanidad de cierto catolicismo alemán, más dado al buen sentido que a la entrega desinteresada. La verdad, mi impresión subjetiva es que dan ganas de no ser alemán. El ambiente es gris y humanamente helado, lleno de apariencias y vacío de sentido auténtico.

Encuentro en el payaso de Böll una gran coincidencia con Harry Haller, el lobo estepario de Hesse. También se repite la atmósfera opresiva que termina por enfermar a Hans Castorp en la montaña mágica de Mann. Son grandes denunciadores y no muy buenos anunciadores. Gente sufrida y desencantada cuya honestidad deja el vacío para la búsqueda. No rara vez la esperanza cristiana brota de los escombros de las esperanzas intramundanas. Justamente cuando ya no podemos creer en nadie, cuando no podemos esperar nada de los seres humanos, se enciende esa pequeña luz llamada esperanza, un virtud pequeña que nos devuelve siempre el cariño a los demás, como lo haría justamente un niño que repite “otra vez” para volver a jugar.

Y se me ocurre también que los alemanes en sus mejores facetas son un poco así: nobles, inocentes, creyentes, bondadosos, niños. Por eso inventan tantos y tan buenos juegos de mesa. También debe ser porque hace un frío que pela y la mejor manera de quedarse en casa es prender la chimenea, sacarse los zapatos y jugar algo con los amigos acompañándose con una buena cerveza.

martes 2 de junio de 2009


Una parte de la primera carta de escrutopo a su sobrino orugario, me hizo recordar ciertos comentaristas anónimos que se dan vueltas por este humilde rincón virtual... y lo digo sin sarcasmo, zumba, cacha, burla, befa o mofa...
En la foto: la edición que yo tengo pero no presto... léanlo con atención.


Mi querido Orugario:

Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo? Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo. Si hubiese vivido hace unos (pocos) siglos, es posible que sí: en aquella época, los hombres todavía sabían bastante bien cuándo estaba probada una cosa, y cuándo no lo estaba; y una vez demostrada, la creían de verdad; todavía unían el pensamiento a la acción, y estaban dispuestos a cambiar su modo de vida como consecuencia de una cadena de razonamientos. Pero ahora, con las revistas semanales y otras armas semejantes, hemos cambiado mucho todo eso. Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles. Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son "ciertas" o "falsas", sino "académicas" o "prácticas", "superadas" o "actuales", "convencionales" o "implacables". La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado en la labor de mantenerle apartado de la iglesia. ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa.

La pega de los razonamientos consiste en que trasladan la lucha al campo propio del Enemigo: también Él puede argumentar, mientras que en el tipo de propaganda realmente práctica que te sugiero, ha demostrado durante siglos estar muy por debajo de Nuestro Padre de las Profundidades. El mero hecho de razonar despeja la mente del paciente, y, una vez despierta su razón,¿quién puede prever el resultado? Incluso si una determinada línea de pensamiento se puede retorcer hasta que acabe por favorecernos, te encontrarás con que has estado reforzando en tu paciente la funesta costumbre de ocuparse de cuestiones generales y de dejar de atender exclusivamente al flujo de sus experiencias sensoriales inmediatas. Tu trabajo consiste en fijar su atención en este flujo. Enséñale a llamarlo "vida real" y no le dejes preguntarse qué entiende por "real".

lunes 1 de junio de 2009

Cartas del diablo...


Esta vez escribo para recomendarles una lectura. Lo hago en mi calidad de afanoso lector que como buen ignorante vuelve siempre a los mismos libros. En este caso al texto que C.S.Lewis ha titulado cartas de Escrutopo que es normalmente traducido como Cartas del diablo a su sobrino.

El genial inglés se sirve del género epistolar para plantearnos un panorama espiritual completo y profundo que nos abre los ojos. Sus demonios no son esa caricatura que muchas veces disfraza la realidad crudelísima de la inteligencia corrompida por el orgullo y la envidia. Son seres espirituales en quienes el odio y la estrategia de posesión de la libertad del otro reina de manera absoluta y eternamente desesperada. Lewis los describe como seres torturados por el hambre y un mortal sentido de la indignación. Ya no se conocen, ni encuentran en sí mismos motivo alguno de alegría, sólo intrigan y planean cómo proyectar su propia amargura y bajeza a los hombres.

Al leerlo dan ganas de reirse pero la risa que brota está cargada de miedo. Uno encuentra tantas cosas parecidas en el propio corazón que no le queda sino volver los ojos a Dios. La voluntad satánica es tan cotidiana que nos hemos hecho la ilusión, supongo que engañados por los mismos demonios, de que no nos está pasando nada y que la vida moral y espiritual sólo aparece o se vislumbra en los grandes crímenes y las caídas espectaculares que nos devuelven sobre nuestra propia debilidad o la de los demás que, con hipocresía insultante, nos atrevemos a juzgar. El librito es como el mundo visto al revés, todo lo bueno es malo, todo lo malo es bueno. Y para quien tiene una mínima honestidad al leerlo, es una fuerte paradoja que invita a la conversión.

miércoles 27 de mayo de 2009

Jack Bauer y Obama










Para quien no la vio nunca “24 horas” no es el viejo noticiero sino una serie de acción en “tiempo real”. Jack Bauer, agente de la CTU (central contra el terrorismo) anda resolviendo conspiraciones de todo tipo que intentan desestabilizar al buen y siempre noble pueblo norteamericano, guardián de la libertad y los valores. Ha habido desde amenazas con armas biológicas y nucleares hasta robos informáticos que ponen en riesgo todo el sistema computarizado de aeropuertos, centrales eléctricas, trenes, metros, etc., pasando por asesinatos de presidentes, directores de inteligencia, primeras damas y últimamente, primeros caballeros, porque ahora la presidenta es mujer y tiene cara de tía con plata.

Hasta aquí todo queda como uno de esos juegos de play donde el protagonista mata a todos los malos y todos estamos seguros de que son malos. El problema es que Bauer viola cuanta norma ética se nos pueda ocurrir, siempre con cara de que le cuesta hacerlo y de que todo es dramático pero no teme matar inocentes, mentir, traicionar, seducir, torturar mujeres y niños para “obtener información”. La serie te pone el dilema: hay buenos que le dicen a Bauer que no debe actuar así pero Bauer nunca se equivoca y argumenta que “no hay tiempo”. Los buenos que lo contradicen son todos unos tontos ineficaces que terminan muertos o humillados. En el fondo, la opción es clara: el interés del gobierno es lo único que cuenta, las personas concretas son sólo medios.

¿Qué tiene que ver Obama? Parece que poco pero podría ser perfectamente un personaje de “24 horas”. Lea sino su discurso en Notre Dame, donde intenta “conciliar” abortistas y no abortistas negando el principio de no contradicción. Desbrozando parece que nos queda esto: el gobierno norteamericano está por encima de la moral, por eso puede usar embriones para experimentar (los humanos como medio) y matar inocentes cuya única culpa es no encajar en el sistema. La diferencia es que mientras Jack Bauer se la juega con su chaleco y su pistola pateando puertas, Obama manda todo desde la Casa Blanca. Otra diferencia es que Obama sonríe y hace chistes, Bauer jamás. Y lo idéntico es que a ninguno de los dos le pasa nunca nada.

Honestamente es difícil comprender que un hombre con tanto poder apruebe actos como el aborto por parto parcial y la experimentación con embriones y luego nos hable de diálogo ¿Sobre qué? ¿Sobre el clima? ¿Sobre los impuestos? ¿Ya qué importa en una nación en la que se pisotea un derecho fundamental como el derecho a la vida de los inocentes? ¿En verdad es tan difícil de ver?

martes 26 de mayo de 2009

Relativismo, enredismo, sensatez



Estuve pensando en los últimos acontecimientos blogístigos de este pequeño rincón virtual. Un primer asunto es que los posts que más se han comentado son los que encierran algún escándalo o mal moral. Los que contienen reflexiones más bien filosóficas, teológicas, piadosas o familiares de este humilde posteador (salvo excepciones honrosas y amistosas) han quedado usualmente en "0 coments". No intento quejarme ni estimular a mis amables lectores a que los comenten, sólo doy cuenta del fenómeno.

En los más comentados, han habido aproximadamente dos posturas: el relativismo (y en algunos casos el enredismo, una nueva mutación del virus anterior que se caracteriza por la prescindencia del principio de no contradicción) y la sensatez. Anoto también que salvo algunas excepciones (anónimos sensatos e identificados insensatos) la mayoría de los enredistas han sido anónimos. Una hipótesis es que la anonimia no nos hace responsables de lo que decimos. Pero cada uno sabe como mata sus pulgas.

Desde la sensatez se puede debatir porque las normas de la lógica no han sido desechadas y uno sabe a qué atenerse; desde el enredismo (y buena parte del relativismo) pues es imposible, ya que la argumentación y las reglas de la misma variarán según el estado de ánimo del comentarista, o la cultura, o el clima, o la época.

Cabe decir por último que uno puede y debe tener paciencia con todos (empezando por uno mismo) ya que el enredismo, el relativismo y la sensatez suelen estar mezclados y sin esfuerzo no podemos cosechar un poco de verdad de ninguna discusión. He aprendido mucho de todo esto y agradezco a todos los amables y pacientes lectores de este humilde blog.

lunes 25 de mayo de 2009

algunas líneas sobre la Iglesia


Parte de un artículo que estoy escribiendo sobre la Iglesia. Me inspiro en un gigante como De Lubac en su antológica "meditación sobre la Iglesia".

Hay en las personas una aspiración de universalidad. Esto se puede ver en los diversos tipos de "catolicismos" que siempre han existido: grandes imperios, religiones, instituciones específicas, transnacionales, etc. Todos estos intentos complejos y ambiguos como muchas de nuestras intenciones portan en sí una suerte de "nostalgia de familia universal". La misma revolución francesa, estallido visceral en contra de la autoridad provenga de donde provenga, propuso la "libertad, igualdad y fraternidad" como ideales universales y unificadores de toda la humanidad. Sus efectos, su sangrienta historia, no son sino la comprobación siempre dolorosa de que sin Padre es imposible que los hombres sean hermanos y que la humanidad sea una familia.

Un "catolicismo" actual, la ONU, nació y está alentado en sus aspiraciones por el ideal de la paz universal. Podemos hablar también de la Coca Cola, la FIFA, Microsoft, Google y de muchísimos otros organismos de pretensión universal según sus intenciones específicas como añoranzas de que "todos seamos hermanos" o, en el fondo, de que "seamos una familia". Sus mismas publicidades lo expresan. En todo esto aparece también la dolorosa contradicción entre lo que se dice desear para sí mismo y para los demás y lo que realmente se termina haciendo.

Esta "nostalgia de amor universal" es una poderosa intuición que corresponde al dinamismo fundante del despliegue relacionado con la permanencia de la persona. Estamos configurados de tal forma, es decir, nuestra "forma de ser humanos" esta sellada de manera que tendemos a permanecer siendo nosotros mismos a través de los cambios y los cambios expresan también nuestra profunda identidad. Esta permanencia sin embargo nos impulsa al despliegue de manera que sólo permanecemos con sentido en la medida en que nos desplegamos. El ser humano que se cierra sobre sí mismo pierde el sentido de su permanencia de tal modo que su ser mismo se corrompe. De otro lado el despliegue se fundamenta en la permanencia ya que de ella parte y a ella conduce. De allí surgen cuatro relaciones fundamentales: con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza.

Las relaciones con Dios o con lo Trascendente son el fundamento de todas las demás. Existencialmente la manera en que concebimos lo que está más allá de esta vida, es decir, nuestro origen, la dirección a la que vamos y la unicidad e irrepetibilidad de nuestra existencia, influye decisivamente en nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. Desde esta relacion con Dios es que buscamos un hogar universal.

Este hogar universal debe ser uno. Sólo la unidad (es decir la no división) puede responder a esta nostalgia. De otro lado debe ser único porque sólo la fidelidad a la propia familia puede responder a la necesidad de seguridad y confianza. Sólo la certeza de una lealtad absoluta vence realmente el miedo.

Este hogar universal debe estar abierto a Dios. Todo intento de construir una ciudad humana cerrada sobre sí misma ha conducido a las peores esclavitudes. Y sólo un Dios Persona puede garantizar el ámbito de hogar para la persona humana nostálgica de una comunión que, además de considerarlo en su realidad única e irrepetible, no acabe nunca.

Este hogar universal debe llamar constantemente a todos a él. Como familia que es, como relicario de un inmenso tesoro de humanidad, debe salir al encuentro de todos los seres humanos, ir a buscarlos para compartir el bien de la comunión. El bien es difusivo, especialmente el bien de la confianza, de la lealtad, de la comunión.

Finalmente este hogar universal debe ser justamente universal, es decir, católico.

Y a ese hogar universal, a esa infantil esperanza de ser todos hermanos, los católicos llamamos simplemente Iglesia. Y no hay miseria ni traición que nos arranque de su protección, a no ser que seamos nosotros los que nos apartemos.

viernes 22 de mayo de 2009

Sólo cito el Evangelio de hoy

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada".

Juan 16, 20-23
Me lo encontré en la mañana al abrir mi PC. Es una de mis fuentes preferidas de esperanza, dramatismo y alegría.

jueves 21 de mayo de 2009

Per Ipsum


A la luz de las últimas tristes noticias se me ocurrió repetir algo muy antiguo que ya había dicho Pablo VI con una encíclica (“Ecclesiam suam”) y hace no mucho el mismo Benedicto XVI: la Iglesia es de Cristo.

No estamos aquí si no por Él, con Él y en Él. No estamos por un líder, por un cura, por un religioso que nos habló bien y nos convenció. Todos ellos pueden haber sido colaboradores del Señor en su momento pero si alguno está en la Iglesia por el P. Alberto, por la Madre Angélica, o por el mismo Benedicto XVI pues se equivoca. Que haga su club de fans pero que no piense que es católico. Si cada cristiano no tiene un contacto personal con el Señor, si no lo busca de corazón todos los días, si no se abre a la gracia con humilde esfuerzo y sencillez, si no cumple sus compromisos con Él día a día, pues llegará el terrible día en que descubra que realmente no sabe amar. Y Dios quiera que se recupere.

Estamos aquí por el Señor Jesús. Y lo digo con dolor y alegría. Dolor porque sé perfectamente que soy pecador. Alegría porque sé que Él nos puede sacar de las más graves miserias si lo buscamos de corazón.
La foto es una talla de Martínez Montañez, célebre imaginero sevillano. Siempre me han conmovido este tipo de imágenes del Señor.

lunes 18 de mayo de 2009

O... O...


O las conductas sexuales son sólo formas de ser y actuar que no dañan a nadie y que tienen tanto derecho a existir y promoverse como cualquier otra conducta. Por lo tanto nadie debe ser criticado por sus actos homosexuales, bisexuales, zoofílicos, necrofílicos, pederastas o cuantos su imaginación le pueda sugerir siempre y cuando exista un consentimiento libre de las partes implicadas en cualquiera de estos actos. Al ser buenos, sanos, humanos y decentes nadie se debe oponer de manera alguna. Es más, deben ser tutelados por el Estado y expuestos abiertamente porque no hay nada que esconder.

O el matrimonio es una institución fundamental de la sociedad y sólo en él la sexualidad se vive en el contexto del compromiso entre personas responsables y capaces de traer hijos al mundo. La sexualidad sólo tiene sentido como expresión de amor que encuentra en la familia su realización plena. Desde esta perspectiva los actos homosexuales y de otro tipo fuera de la intimidad y respeto propios del matrimonio son desviaciones que deberían intentar corregirse y no promoverse. Se respeta a la persona que tenga tendencias sexuales desviadas pero las conductas desviadas son vistas como un desorden grave y ciertamente difícil de comprender y sanar.

El primero, que aunque haya existido siempre, acaba de aparecer como una moda, no requiere compromiso ni esfuerzo de ningún tipo. Todo da lo mismo, basta dejarse llevar por cualquier tendencia que aparezca. El segundo, que tiene una tradición humana universal de miles de años, implica un gran esfuerzo por madurar, por adquirir virtudes, por hacerse responsable y entregarse cotidianamente al cónyuge y a los hijos. Quien esté de acuerdo con uno necesariamente tendrá que oponerse al otro. O uno o el otro, no hay una tercera vía en este asunto. Usted decide, querido lector.

jueves 14 de mayo de 2009

Breve reflexión sobre el perdón en el matrimonio


Me gustó este manzano lleno de frutos, me parece que puede evocar el amor conyugal...
Una gran pregunta que aparece cuando se habla de un compromiso tan serio como el matrimonio es ¿Cómo hago? Se percibe detrás de la pregunta una gran angustia o temor a fracasar. Y, como es obvio, no hay recetas sino líneas generales que la sabiduría humana y cristiana propone de diversas maneras. El punto de partida es siempre uno mismo, ya que el arte de amar empieza con amarse uno a sí mismo rectamente. Quien no se conoce o no se acepta no puede establecer una relación madura simplemente porque es un inmaduro. Cada uno tiene un cierto grado de inmadurez, lo importante es por lo menos ver claro dentro de uno para que esto no afecte mayormente la relación. Entra aquí la dinámica del perdón a uno mismo y a los demás. Nadie es perfecto, por eso necesita perdonar. Quien no está dispuesto a hacerlo tampoco puede establecer bases sólidas. Una lectura atenta de la parábola del hijo pródigo puede aclarar el panorama.

Este gran contexto del amor y del perdón es lo que ordena la vida afectiva y sensual de la relación de pareja, sin él es muy fácil hundirse en el egoísmo ya que la fuerzas afectivas pasionales y pulsionales sueltas como vientos contradictorios hacen naufragar la propia personalidad. Cuando esto ocurre recurrimos lamentablemente a la racionalización, que es la peor esclavitud de la inteligencia puesta al servicio de lo que en el fondo de la conciencia sabemos que está mal: traicionar nuestros compromisos.

No pocas veces cansa escuchar el empecinamiento de hombres y mujeres en negarse a perdonar, en aferrarse a su venganza como si esta fuera una victoria, una expresión de justicia. Entrenémonos para perdonar y sabremos amar sin que se nos diga, nuestros hechos lo dirán.

Servicio a la comunidad

Les alcanzo un par de links sobre el asunto del celibato. Creo que pueden ayudar a comprender mejor.

http://www.celibato.org/

http://www.elcomercio.com.pe/impresa/notas/padre-alberto-conflictos-sociales/20090514/286338

Y el anterior para que lo lean en el comercio:

http://www.elcomercio.pe/impresa/notas/iglesia-padre-alberto/20090509/284135

martes 12 de mayo de 2009

Lo que pasa en el fondo...





Acabo de leer una entrevista al P. Alberto Cutie.
Me alegra y me esperanza que le quede la suficiente nobleza y veracidad para reconocer su falta como tal. Su situación es muy dura y él muy digno de compasión. Hoy está metido en una sartén mediática que hierve con la insana pasión por los chismes, por ese afán enfermizo de ventilar la vida privada hasta convertirla en un producto de consumo. A raíz de este hecho se me ocurrieron los siguientes párrafos. Debo decir que van más allá del caso concreto del P. Alberto Cutie. Los publico como una lección de cosecha personal que de repente puede ayudar a alguien. Es todo lo que quiero. Debo decir sinceramente también que este caso, como todos los que han ocurrido de manera similar, me sigue doliendo mucho.

El fondo de este asunto no tiene novedad alguna, es lo que San Juan y muchos viejos padres espirituales llaman mundo en cuanto enemigo de la vida espiritual. Y siempre funciona igual. Primero, te tienta para que traiciones, te dice que eres especial, te convence de que nadie te entiende, que tu compromiso (celibato o matrimonio) es inhumano, que lo más importante son tus sentimientos y que sin ellos no tiene sentido ser fiel. Si le crees, pues comienzas a freírte, a arder en confusión, en pasiones encontradas, en una susceptibilidad exacerbada por el afán de sentirte digno del mayor honor. Poco a poco te aburre todo lo que tenga que ver con la humilde fidelidad a tu vocación. Necesitas figurar, se te convierte en una adicción. Te separas de los que te dan buenos consejos, te parecen duros y muy exigentes, los tildas de rígidos y desencarnados. Te juntas con los que te dan la razón, te parecen inteligentes y comprensivos. No importa si no creen, para ti son más sensatos que los que creen. Te vuelves literalmente un superficial.

El mundo comienza a reemplazar a Dios en tu corazón. No en la cabeza ni en el discurso probablemente, pero sí en tus hábitos, en tus pasiones. Te aburren las prácticas espirituales, no les encuentras sabor. Poco a poco te vuelves muy distraído, estás pendiente de lo que digan de ti. Tu conciencia grita angustiada, pero poco a poco comienza a agonizar y su voz ya no llega con claridad. Desde este momento estás disponible para inventarte una nueva “relación”. Y pongo esa hermosa palabra entre comillas porque lo que te inventas no es tal, es sólo un espejismo, una fuga, una gran cobardía. En verdad –y lo digo con honda pena- no importa quién sea la otra persona, tú sólo quieres encontrar un poco de alivio. Y así la usas para paliar tu soledad, tu confusión, la triste opinión que tienes de ti mismo. No es raro que al poco tiempo te deshagas de ella porque otras cosas llamarán tu atención.

Una vez que has traicionado, el mundo te aplaudirá. Dependiendo de tu fama y la envidia que se te tenga, tendrás detractores y aduladores, gente que te convertirá en causa de algo, como si tu caso, justificara sus propios vicios y faltas de coherencia. Te harán una altar, te llevarán en andas por las calles, te defenderán de lo que creen que los ataca a ellos, pensarán que te comprenden, pero tú, sólo tú, sabrás perfectamente que no es así, que cada día que pasa es más difícil que alguien te comprenda por la sencilla razón de que lo que has hecho es perfectamente incomprensible y absurdo desde la raíz.

Irás como un barco al garete hasta que termines estrellándote contra una peña. La sensualidad será muy ardiente al comienzo y te dará algo de tranquilidad pasajera pero te aburrirá también muy pronto. Entonces aparecerá la amargura, poco a poco, primero casi con un susurro escucharás voces que te dirán que tu vida ya no tiene sentido, que Dios no te va a perdonar, que es mejor que mueras de una vez. Con la edad, ese sonido triste será lo único que escuches.

Y allí, al final, cuando todos se hayan ido, cuando los reflectores se hayan apagado, sólo te quedará Dios. Y allí, cuando no haya fama, ni aplauso, ni rechiflas, ni críticas, cuando todo haya pasado, por el amor del mismo Dios, querido hermano, respóndele que quieres amar, que quieres volver, que te equivocaste pero con su gracia quieres reconstruir lo que destruiste. Di de una buena vez: "los jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre".
Y vuelve, el Padre sigue mirando al horizonte para ver cuándo apareces. Tus hermanos te esperamos con los brazos abiertos y el corazón encogido de dolor. Con la esperanza humedeciéndonos los ojos, necesitamos creer que resucitarás.
Yo, siendo pecador y torpe como soy, estoy rezando por ti. A veces Dios escucha a los más inadecuados.

sábado 9 de mayo de 2009

Feliz día mamás...


Un post por el día de la madre. No se me ocurre nada. Sólo clásicos inicios de periódico mural. Por eso es que vuelvo a contar algo que me sucedió hace ya más de siete años. Cual Nino Bravo saco de entre mis viejos papeles amarillos esta pequeña nota que es una de las más queridas para mí. Sólo espero que comprendan que no pocas veces es muy difícil decir lo que más nos importa.
Sólo pido que tengan paciencia con este pobre hombre de familia. Aquí va:

"Hace seis días, mi tercer hijo recién nacido estuvo a punto de morir. Una especie de asfixia hizo que su mamá lo encontrara como un muñequito de trapo y sin pensar en nada salir corriendo, subirse a un taxi y llevarlo al hospital. Cuando llegué a la casa, me avisaron que mi esposa y mi suegra estaban en emergencia porque el pequeño se había puesto muy mal. Entré confundido por un pasillo estrecho lleno de mujeres adoloridas y enfermas que olvidaban su sufrimiento para decirme: "¿Un recién nacido? por allá, señor" con inmensa urgencia y compasión. Todas las que vieron la escena lloraban por mi pequeño hijo. Mujeres que hoy -lo digo casi con vergüenza- no reconocería en la calle. Y junto a la puerta mi esposa que quería morir por su hijo.

Los hombres somos profanos a ese misterio. Me dolía, cierto. Quiero mucho a mi hijo, es cierto. Moriría por él, también es cierto. Pero la inmediatez de la entrega absoluta sólo una mujer la puede entender. Y eso lo leía no sólo en mi esposa infinitamente angustiada, sino en todas las madres que estaban allí y que con su llanto se solidarizaban con nosotros sin hablar ¿Cuántas madres tuvo mi hijo en esos segundos que dejó de respirar? ¿Cuántas dejaron de respirar con él? No lo sabremos en este mundo. Gracias a Dios, el pequeño se recuperó. Hasta la necesaria y heroica frialdad de los médicos y enfermeras se me hizo ternura. Quería abrazarlos a todos pero sólo atinaba a rezar, a pedir a Dios por ellos. ¡Cuántos de ellos vi ese día llenos de capacidad de entrega, de sólida sensatez y caridad auténtica!

Y puedo decir que una vez más vi la maternidad y la toqué con mis torpes manos. Y el asombro todavía me conmueve. Todas las madres amigas y extrañas abrazaban y consolaban a mi esposa. Una en especial me llamó la atención. Estaba en el mismo pasillo que nosotros esperando para dar de lactar a su hijo que, como el nuestro, estaba en cuidados intensivos. Cuando nos vio nos dijo algo como: "tengan esperanza, su hijito se va a poner bien, no se desanimen...". Y en la conversación nos enteramos que ella tenía dos hijos en el hospital. Sola en la frialdad de un pasillo vacío, adolorida por una cesárea, con una niña más en otro pabellón, esa mujer sencilla, nos daba ánimos. Vino a mi memoria la letra de una canción cristiana: "cuando el pobre nada tiene y aún reparte...". En ese momento Dios hablaba fuerte por boca de una madre adolorida ¿Dónde había visto tanta ternura?

Sólo muy tarde en la noche, al salir del hospital, encontré la raíz de este misterio. Era un imagen pobre de la Virgen de Chapi a la que los enfermos le ponen velitas y que nosotros ni siquiera miramos al pasar en nuestra angustia ¡Era la Mamita que desde la entrada nos había recibido y cuidado a nuestro pequeño! ¡Era ella que ahora sonreía también aliviada! Puedo decir que he visto la maternidad una vez más. Desde mi origen en el cielo y en la tierra, desde mi bautismo y mi matrimonio. Y, como siempre no me alcanzará la vida para agradecer. Feliz día a todas las mamás. Un fuerte abrazo que es la torpe manera que tenemos los hijos de agradecerles el don y la entrega de la vida.

15 de mayo del 2002."

Releo esto siete años después y todavía lloro un poco, se mezclan el miedo, la admiración y el cariño en mi corazón. Y creo que nunca me recuperaré del todo: todavía siento un ligero escalofrío cuando paso delante de ese bendito hospital. Y justamente este episodio unido a muchos otros que ingratamente olvidé y millones de otros más, se convierten en una voz universal a la que me sumo desde lo profundo del alma para decir una vez más esa frase trillada y tonta pero preñada de significados infantiles e infinitamente dulces: ¡Feliz día mamá!

jueves 7 de mayo de 2009

El doloroso caso del P. Alberto


A ver. Creo que el asunto es muy triste y doloroso pero muy simple. Un hombre traiciona sus compromisos con Dios y con la gente. El sentido que tienen esos compromisos es el de servir a los demás de esa forma específica que incluía el celibato asumido públicamente. Tuvo tiempo y espacio para pensar, meditar y decidir libremente. Luego, -de una manera que sólo Dios y él saben, se enredó, se asustó, se amargó, se acomplejó, se sintió solo, no sé- el hecho objetivo es que se engañó, engañó a otros, fugó y se paseó por el mundo mostrando su traición.

Digno de perdón, siempre. Como yo, como usted que lee, como cualquier hijo de Dios. Lo que hizo estuvo mal y él lo reconoce. Justamente por eso debe asumir las consecuencias de sus actos. La primera es que ya no puede seguir siendo un hombre público como lo fue hasta el momento del escándalo. No es una condena, es la simple consecuencia de un acto. Decía que tomaba cocacola y era pura pepsi. Como marca de cocacola no puede seguir. Ejemplo tonto pero preciso. Decía ser una cosa y era otra. Ha desatado todo un circo, pero ese circo es el de siempre, la clásica crueldad con la que la vanidad el mundo trata a los que atrapa. No hay compasión, sólo burla y falsas solidaridades que esconden otros vicios.

¿Es la primera vez que pasa? No. Desde los apóstoles el asunto es muy conocido. Tanto que sorprende nuestra tan humana incapacidad para comprender y aprender de errores ajenos. Gracias a Dios que ninguno de nosotros es Dios. Pienso también que el caso de Cutie, como el de Lugo, es doloroso y escandaloso no por sexual sino por la doble vida. Es bastante claro que trasgredía de forma objetiva e indudable lo que predicaba incesantemente sobre la fidelidad marital y la fidelidad sacerdotal que incluye el celibato como disciplina.

Me duele como católico y tengo varias reflexiones sobre el peligro de la fama y la superficialidad que puede generar la exposición de un religioso en los medios, pero lo sigo viendo simple: un buen hombre cayó en una falta grave. Cabe el perdón y la asunción de las consecuencias. Y claro, no tirarle piedras sino tenderle una mano. Hizo mucho bien, es verdad. Ahora ha hecho mucho daño y decepcionado a muchos, también es verdad. Quedan claros los hechos, no nos queda claro lo que tiene él en la conciencia. Ese es un asunto sagrado. A nosotros nos queda la oración, el aprendizaje, el dolor y la misericordia.

Otro asunto es la discusión sobre el celibato. También lo veo simple en este caso como en el de Lugo: uno no cumple sus compromisos ¿Eso hace malos los compromisos? ¿El adulterio hace inhumano al matrimonio? ¿La traición al celibato hace inhumano al celibato? ¿Las uvas se hacen verdes si no las alcanzo? Jamás.