
Publico un artículo de un amigo que está estudiando este tema con serenidad.
Cómo es lógico en todo proceso de crisis social, el conflicto selvático, además de movilizar profusas y encontradas sensibilidades, también está generando una nutrida producción académica y/o periodística de hipótesis y argumentaciones que vienen intentando dimensionar su problemática y sus implicancias futuras para el conjunto de la sociedad peruana. Así pues, los desencuentros sociales de la selva, convertidos ya en estudios de especialidad, están siendo abordados desde enfoques multidisciplinarios que si bien es cierto en muchos casos resultan convergentes y complementarios para abordar las diversas aristas del problema, en otros, vienen ensayando caprichosas interpretaciones de la realidad amazónica que proyectan una sombra de ficciones y distorsiones sobre el tema, no tanto por su carácter utópico como por sus pretensiones históricas-culturales.
Tal es el caso de ciertas lecturas institucionales cuyos prejuicios ilustrados y posmodernos proponen un generalizado imaginario cultural de los pueblos indígenas que, pese a más de cinco siglos de contacto con el occidente, mantendrían una cosmovisión básicamente prehispánica, especialmente, en lo relacionado a la valoración del hombre y la naturaleza. Así, el colectivo amazónico prolongaría en el tiempo una particular identidad cultural cuyo núcleo simbólico estaría sustentado en creencias mágico-religiosas de corte pannaturalista, lo cual, entre otras cosas, supondría la sacralización de la naturaleza y la disolución personal en ella. Sobre esta hipotética y radicalmente distinta “otredad” cultural se configura la plataforma de unas demandas sociales que justificarían el derecho para pensarse como Nación, incluida la autonomía absoluta para construir sus propios proyectos de convivencia social.
Sin embargo, la realidad cultural de la amazonía es mucho más compleja y no parece ajustarse a aquel utópico y estático imaginario por más atractivo que éste sea para sus seguidores. En efecto, un análisis serio de los procesos histórico-culturales de la amazonia nos sugiere una realidad mucho más dinámica, susceptible de profundas transformaciones culturales que cambiaron radicalmente el panorama de las poblaciones amazónicas precolombinas. Sin posibilidades de emprender un análisis de esa magnitud en este apretado espacio, se propone una breve revisión de por lo menos tres hitos históricos que pueden servir de sustento para las afirmaciones precedentes.
El primero, sugiere que el proceso de transformación cultural se inician desde mediados del siglo XVI cuando una legión de misioneros mercedarios, dominicos, agustinos, franciscanos y jesuitas emprendieron una vasta e intensa labor evangelizadora que durante más de dos siglos operará una paulatina y profunda conversión del sistema simbólico y social de la mayoría de las poblaciones indígenas organizadas alrededor de innumerables centros misioneros (sólo los Jesuitas a finales del siglo XVIII habían fundado 173 centros poblados en la región de Maynas). Se configuraría desde entonces una novedosa expresión cultural cuyas nervaduras simbólicas llevaran impresas el sello cristiano del occidente.
El segundo hito, sugiere que, incluso en lo contradictorio de algunos periodos republicanos, el proceso de mutación cultural no se podía detener. Ese es el parecer del renombrado antropólogo del Instituto de investigación de la Amazonia Peruana (IIAP), Jesús San Román, quien refiriéndose al movimiento inmigratorio occidental que generó el descubrimiento del caucho en la selva, señalara que “el contacto con otros grupos y razas trajo adherencias, adaptaciones y cambios culturales. La vida del indígena se transformó, se empobreció o enriqueció en este molde nuevo de coloniaje mestizo, pero se prolongó siempre. El influjo cultural, fue sin duda mutuo, pues el inmigrante debió adaptar también su forma de vida a la realidad de la selva, con su ambiente cultural. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que el ribereño actual es una síntesis de ese conglomerado racial y cultural, que creó la explotación del caucho” (San Román: 162).
Finalmente, otro hito importante de este proceso se registra entre las décadas del cuarenta y setenta del siglo pasado cuando el Estado peruano, en consonancia con los proyectos modernizadores en boga, desarrollará una agresiva política de integración de la selva a la vida nacional mediante la construcción de carreteras de penetración, el arraigo de una frondosa burocracia administrativa, y sobre todo, la expansión de infraestructura y programas educativos, los cuales, está demás decirlo, se sustentaban en categorías occidentales. “La escuela y su personaje el maestro, se plantaron firmemente en el paisaje de la selva y cambiaron gradualmente la panorámica cultural. Crearon nuevas necesidades, modificaron actitudes, abrieron el interés a apetencias de escolaridad, y, en definitiva, fueron promotores de un nuevo ambiente. Ciertamente que su actuación se presta a juicios contradictorios, según el ángulo desde donde se mire; pero en todo caso, la escuela y el maestro se convirtieron en ejes de la vida del caserío, siendo factores de cambio. El poblador de la selva vio en la escolaridad un medio de ascenso social que le permitía acercarse al mundo blanco” (San Román: 222).
Pues bien, sean estos apuntes históricos tan sólo una sugerente evidencia de las profundas mutaciones culturales que experimentó y sigue experimentando la amazonía peruana y que dificultan una caracterización monolítica prehispánica del ethos cultual amazónico. Más bien, la pretensión de avanzar en esa caracterización exige la consideración de una síntesis cultural de los diversos pueblos que trajinaron por la historia de esas tierras. Una síntesis dinámica e incompleta que, portadora de múltiples expresiones culturales, lleva impresa en sus entrañas, como el resto del Perú, la cosmovisión judeo-cristiana. Por lo demás, esta es una comprobación que cualquier ciudadano-no-turista puede realizar cuando recorre las ciudades y los caseríos de las poblaciones amazónicas inmiscuyéndose en su diario trajinar.
Así planteadas las cosas, Amazonía y el resto del Perú son realidades unidades profundamente por la historia y la cultura, una realidad que nos otorga el derecho de pensarnos y sentirnos como una Nación peruana, una realidad pero a la vez, es necesario resaltarlo, un proyecto.
Alejandro Estenós

































